miércoles, 10 de junio de 2015

Trastorno de personalidad por evitación: ¿Qué es?

El trastorno de personalidad por evitación se caracteriza por llevar a cabo una evitación a nivel cognitivo, emocional y conductual. A nivel cognitivo ( de pensamientos) son personas que no piensan en aquello que les puede hacer sentir mal. Utilizan la distracción.  A nivel conductual suelen evitar la parte social. En definitiva, suelen sentirse bien evitando cualquier situación que les llegue a producir ansiedad.

Es probable que estas personas durante su infancia hayan tenido alguna experiencia negativa con alguien, que les hayan rechazado o desaprobado. A partir de ésto, han ido formando una serie de creencias que regulan su comportamiento hacia sí mismos, por ejemplo: "no sirvo para nada", y hacia los demás, por ejemplo, "me van a rechazar".

Estas creencias erróneas determinan su comportamiento:

"Temor al rechazo: temen volver a ser rechazados y desaprobados, igual que lo fueron cuando eran pequeños. Están constantemente pendientes de que los demás no descubran sus fallos, porque si los descubren, los desaprobarán. Esa desparobación sería terrible de soportar. Entonces la solución inmediata que encuentran es la evitación social.

Autocrítica: los pensamientos negativos son automáticos y tienen mucha fuerza. Los aceptan como verdad absoluta y no ponen a prueba. Anticipan lo que va a pasar. Por ejemplo, en una situación social: "no les voy a gustar".

Interpretación incorrecta de las reacciones de los demás: si alguien les hace un halago o un comentario, lo interpretan como negativo. Por ejemplo, si alguien le dice " ¡Qué guapa estás!" puede interpretar que lo hace porque pretende conseguir algo.

No tienen en cuenta lo positivo, ni la imagen positiva que puede proyectar a los demás. Y aunque se les demuestre con pruebas que hay algo positivo, no lo aprecian, alegando que la otra persona está equivocada o que le engaña.

Culpa al sentir ansiedad: cuando sienten ansiedad consideran que no tienen motivos para tenerla y es tan terrible vivir con ella que lo atribuyen a sí mismos: "me pasa por ser un inepto/a".

Son conscientes de lo que tiene que hacer para mejorar, pero el coste emocional es tan elevado al principio que se sienten mejor evitando enfrentarse a él. Ponen excusas, que racionalizan previamente para no enfrentarse". Ej: "Ya iré en otro momento. Puede esperar".

Se trata de un trastorno muy similar a la fobia social, aunque las limitaciones que tiene la persona en su vida cotidiana son mayores (Psicólogos Oviedo).

viernes, 5 de junio de 2015

La impulsividad

Las personas impulsivas suelen tener conflictos en distintos contextos



La impulsividad es un rasgo de personalidad que hace que la persona actúe sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos, dejándose llevar por el plano emotivo, sin tener en cuenta el racional. Las personas impulsivas viven las emociones de manera muy intensa, tanto las positivas como las negativas. Al tratarse de un rasgo de personalidad, es más difícil cambiarlo. Sin embargo, ya desde la infancia puede aparecer dicho rasgo, por lo que cuanto antes se trabaje para que la persona sea capaz de controlar sus impulsos, mejor.
El mayor inconveniente de una persona impulsiva es la cantidad de conflictos a los que se enfrenta en distintos contextos: familiar, laboral, académico, social...

¿Qué podemos llamar "impulso"?
  • Que la persona se anticipe a responder rápidamente en una situación determinada, sin conocer cómo sucedieron los hechos.
  • Gritar o enfadarse si las cosas no salen como la persona espera
  • Dejar un trabajo
  • Dejar una relación por un conflicto, sin haberlo sopesado previamente
  • Actuar dejándose llevar por la rabia y la ira, sin pensar en la calidad de lo que está haciendo ni en las consecuencias que puede tener el hacerlo de esa manera
  • No tener en cuenta las opiniones de los demás en una situación concreta
  • Mentir sin pensar en las implicaciones que puede tener lo que está diciendo/haciendo en ese momento

Una vez que tenemos  identificados nuestros impulsos podemos fijarnos en cómo solemos actuar cuando nos dejamos llevar por ellos. Por ejemplo, imaginemos que tenemos muchas ganas de ir a la playa el fin de semana. LLevamos organizando ese plan varias semanas y a última hora nos dicen que no vienen como nosotros. ¿Cómo actúas en esa situación? ¿LLamas a la otra persona rápidamente, enfadada, gritando, de malas maneras, sin ni si quiera buscar o saber qué es lo que ha pasado? ¿Qué consecuencias tiene actuar así? ¿Sólo me afectan a mi las consecuencias o a alguna persona más? Es aquí donde debemos actuar.

Una buena manera de "aprender a controlar" los impulsos es analizar experiencias pasadas en las que nos hayamos dejado llevar por ellos. Si volvemos a analizar la situación, desde la distancia, probablemente nuestra actuación sea completamente distinta. Así conseguimos que si la situación se repite bajo las mismas circunstancias o en otras parecidas, actuemos de manera más racional.

Es importante que conozcamos la señales que nos manda nuestro cuerpo cuando nos dejamos llevar por un impulso, ya que en muchos momentos esa impulsividad es causada por un nivel alto de ansiedad. Si tenemos identificado qué es lo que pasa en nuestro cuerpo cuando vamos a perder el control, podemos rápidamente llevar a cabo un respuesta alternativa (previamente establecida), que nos permita relajaranos antes de dejarnos llevar por el impulso habitual. Se consigue a través del entrenamiento en relajación.

También es necesario que comuniquemos nuestros pensamientos, sentimientos... de una manera asertiva. Si acumulamos, explotamos de una manera poco racional.

Como decíamos antes en muchos casos la impulsividad aparece por un cúmulo de ansiedad y tensión. La actividad física combinada con técnicas de relajación nos ayudará también a encontrarnos más tranquilos, más centrados y nos ayudará a anticipar las consecuencias positivas y negativas de nuestras actuaciones. De esta manera regularemos mejor nuestro comportamiento. (Psicólogos Oviedo)