martes, 19 de mayo de 2015

Inseguridad y baja autoestima.

La inseguridad puede orientar a la persona al fracaso




Imaginemos que tenemos que enfrentarnos a una situación. Por ejemplo, una fiesta en la que sólo conocemos a dos personas y en la que hay muchos invitados a los que tienes que presentarte. ¿Cómo es esa situación para tí? ¿Cómo te sientes al tener que enfrentarte a ella?  ¿Miras para el resto de invitados y te comparas con ellos sintiéndote inferior?


Cuando una persona tiene problemas de inseguridad en una situación como la anterior se va a sentir totalmente incómoda, se va a comparar con el resto, sintiéndose inferior y va a estar pendiente del comportamiento que las otras personas van a tener hacia ella, sacando las cosas de contexto y haciendo hipótesis sobre la conducta de los demás. Por ejemplo: "me está mirando porque este vestido me queda muy mal".

Normalmente, una persona con inseguridad es una persona con baja autoestima, entendiendo la autoestima como  la valoración que uno hace de sí mismo en cuanto a sus capacidades, cualidades, aspecto, capacidades intelectuales, etc. Esta valoración es importante porque va a hacer que la persona se vea o no capaz de hacer cosas y de  enfrentarse a situaciones.

La inseguridad puede afectar a un área determinada de la vida de la persona (por ejemplo, en el trabajo, en situaciones sociales, a nivel de pareja...), sin tener por qué afectar a otras. Una persona puede desenvolverse muy bien en situaciones laborales y actuar de una manera totalmente segura, pero puede no verse bien al enfrentarse a una situación social. Cuando una persona duda de sí misma y de sus habilidades o valía para enfrentarse a una situación determinada, va a sentirse bien evitando enfrentarse a la situación, debido a  que disminuye la ansiedad que dicha situación le genera. Sin embargo, al no enfrentar la situación la ansiedad sigue presente. Por ello la inseguridad y la baja autoestima se mantienen a medio y largo plazo.


¿Por qué nos sentimos inseguros?
  • Baja autoestima
  • Autoimagen negativa de uno mismo
  • Exigencias excesivas en la infancia
  • Experiencias previas negativas
  • Tener una personalidad dependiente
  • Por la necesidad de ser aceptado por todo el mundo

En cada persona la inseguridad tiene una causa concreta. Son comunes las creencias irracionales sobre uno mismo, que aunque generan malestar, están tan arraigadas que no las consigue apartar de su cabeza. La persona puede aprender a deshacerse de estas creencias irracionales y adoptar otra visión más realista de sí misma, desde la Psicología Cognitivo Conductual.

lunes, 4 de mayo de 2015

Acoso escolar

El aislamiento social es considerado acoso escolar psicológico




 Con acoso escolar nos referimos a una situación en la que se están dando una serie de actuaciones hostiles hacia una persona. Estas actuaciones pueden ser físicas (palizas, arañazos) o psicológicas (aislar, humillar, ridiculizar, insultar, discriminar...). Pueden ser directas o a través de redes sociales, lo que se conoce como ciberbullying.


Cuando hablamos de malos tratos físicos y psicológicos a un niño (por parte de un adulto) sabemos que éste va a tener mayor probabilidad de sufrir ansiedad, depresión, miedo, peores resultados académicos y problemas de relaciones sociales en edades más avanzadas, principalmente en la adolescencia.

Un  estudio realizado concluye que los niños y las niñas que sufren algún tipo de acoso escolar en la infancia, sea del tipo que sea, tienen mayor probabilidad de sufrir algún tipo de patología en la adolescencia, principalmente ansiedad y seguido de depresión, que si las agresiones vienen por parte de un adulto.

Es necesario estar pendientes de lo que pueden estar viviendo nuestros hijos y sobre todo no dejarlo pasar ante cualquier mínima sospecha, ya que en la mayor parte de casos, no cuentan a nadie la situación por la que están pasando.

Los cursos en los que hay mayor probabilidad de sufrir acoso escolar son los últimos cursos de Primaria y los primeros cursos de Educación Secundaria. Quizás por este motivo podríamos apoyar la conclusión que se deriva de la investigación, ya que en estas etapas escolares se está contruyendo la dimesión social y las figuras de apego pasan a ser los iguales, por lo que las huellas emocionales también podrían ser mayores.